lunes, 17 de septiembre de 2012

_Excelsas pendejadas.


     Cuando veo por la tele la barahúnda de desocupados que invierten su tiempo en ir a esperar un furgón policial que traslada a un presunto asesino, cuando oigo sus gritos y eslóganes, recuerdo a Lope de Vega, el vaciado de orinales desde el balcón, a Caro Baroja, las hogueras, sambenitos, corralas y paseitos. Las fuerzas del mal fueron amadas por las hijas de los hombres…La horda, la bandada, el hatajo son capaces de crucificar a un sospechoso, literalmente.
     Hace cuatro días a Eladio Martínez Cruz -ahora su segundo apellido es una macabra ironía- lo detuvieron en Cantalagua (México) con la acusación de haber violado a una mujer. La bandada, la morralla, el grupo; asaltó el puesto de policía y lo secuestró. Lo torturaron, castraron y asesinaron antes de crucificarlo en el cruce de Hacienda Cantalagua y Tepelongo. Ah, y le clavaron dos picahielos en el pecho con sendas proclamas justicialistas. Me pregunto, a la vista de la violencia mexicana, cuáles serían ahora los fantasmas de Juan Rulfo.