lunes, 3 de septiembre de 2012

_Despedida.


     Amada. Heroína y morena. Sonaba lentísimo no sé qué canción sin piano ni violines. Tu sentencia fue que no nos veríamos más y la dictaste mientras mi pasión aún era evidente en tu entrepierna y yo, descuidado en el quite, me limpiaba la polla con tu braga.
     Hoy no me digan que a las siete de la tarde comenzó todo, ni que el viento del Norte tuvo algo que ver en el siniestro, ni que encontré a mi amada heroína en carreteras secundarias o que aquel fue un tren que pasó sin pena ni gloria.

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