lunes, 20 de agosto de 2012

_”Convirtió a Santander en un burdel”.


C.G._Respecto a los veraneos de Alfonso XIII en La Magdalena, me impactó la siguiente frase de su libro: “convirtió a Santander en un burdel”.

 J.R.M._La intrahistoria de los veraneos reales se conoce en la ciudad, pero que nunca se ha escrito más que en la literatura de lo anecdótico. Los libros recogen lo oficial… Pero lo que la ciudad sabe era del ir y venir de las favoritas, de las estancias de Carmen Moragas, de los abortos inducidos, del encaprichamiento de las muchachas de Santander por parte del Borbón, como ocurre con el personaje de Toñina en el libro (a la que “usa” y luego “tira”), de la adulación de toda la Corte que se forma aquí…. Se sabe del glamour, pero yo quería escribir acerca de esos bastardos que dejó aquí el Rey, que eran, como te dije antes, personajes típicos, como el tal Fernandito… Fernandito era un chico que repartía revistas de un centro de acogida de niños sin recursos, de deficientes mentales. Y resulta que Fernandito era el hijo de Alfonso XIII, todo un Borbón, además, físicamente. Esto no estaba escrito. Y había que escribir sobre lado oscuro de ese glamour.


▬▬ oஜ۩۞۩ஜo ▬▬

Yo conozco tres de esos bastardos reales santanderinos. Dos aún viven. Curiosamente en esta ciudad siempre han sido conocidos por el diminutivo de su nombre. Nunca se les ha llamado Don Fernando, Don Alfonso o Don Carlos.
A Fernandito, por ayudar, le he “comprado” mucha publicidad de la Obra San Martín. Le cité en esta entrada:  Talibanes en Tetuán, en Octubre de 2008.
Alfonsito era un paseador que siempre llevaba traje sin corbata, visera y un maletín repleto de libros de biografías borbónicas. En el ojal de la americana la bandera de España o el escudo real, paraba a los viandantes y, con una gran sonrisa, se presentaba: “hola, soy Alfonsito” y extendía su mano para que se la estrecharas.
De las miserias de Carlitos hoy no toca hablar, su historia es menos amable.
Los tres se criaron en orfanatos y en su juventud no pasaron del metro setenta de altura ni de coña (es de suponer que la línea materna tenga que ver con eso), los tres un tanto imberbes, menguados de caletre, imbéciles y asexuados.
Acabo, no por casualidad, con una fotografía de “La Paulita” pescadera santanderina proveedora de la Casa Real en el Palacio de la Magdalena y la recomendación de la lectura de “Ahogada en llamas”. Una novela que refleja todo un modo de vida, una idiosincrasia, la de mi ciudad. Un modo de existir que impregna aire, gente, gastronomía, toda una identidad colectiva. Y lo refleja a partir de un hecho luctuoso y tremendo, punto de partida del libro, que es el incendio de ese Machichaco…


2 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Rey y burdel en una misma frase. Como siempre.

Anónimo dijo...

Alfonso XIII, menudo elemento.