Entonces Bush III se rindió al significado de dos palabras. Ven aquí.
Llevaba doce años escuchándolo pero jamás le dio aprecio, ni sentido alguno, importancia o esfuerzo. Es un gato. El gato fastasmea.
Viudo y aburrido, maduro pero no senil, aquella mañana quiso atender el gato a las palabras que conocía y que no quería hacer caso dos días antes, doce años antes.
Utilizó el mismo stastus y la misma fórmula que antaño amañara el difundo Been Laden en el encuentro con él. Se acercó al pequeño e introdujo la cabeza completa del bastardo en su boca, la cola inista y las orejas retraídas, el culo prieto y las pelotas intactas.
Diez minutos después el cachorro cree que se puede esconder detrás de los libros y tiene un nuevo líder del que mamar más que palabras, fantasmea y es leal, absurdo. Inaccesible por los próximos años probablemente.
Heredero, salvado. Hoy nota dominical y bautizado.
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