viernes, 30 de marzo de 2012

_Eloito González.


Eloito González encontró una mañana la respuesta a las miles de oraciones que puso a disposición de dioses desconocidos. Estaba seguro de que aún no se le había ido la pinza, que las manchas del pijama que le vestían desde hacía demasiado tiempo eran invisibles, que el monstruo que había desaparecido segundos antes de interrumpir su último sueño era una racha moderada sobre la que tenía control. Que aquel gran monstruo no violaría el umbral de la puerta, los dinteles, los anaqueles y las estanterías o el plasma. Que no se instalaría en el espejo, como hacen en los dientes los parásitos de las ballenas. Estaba seguro de Messi, de la displasia; que la desidia y que otra anodina tarde sería el preludio de la noche agitada.
Aquella mañana, en el baño, Eloito González no encontraba la picha mientras pensaba en todas esas cuestiones de la Cosmogénesis. No era feliz.

Fotografía: Vladimir Fedotko©

1 comentario:

jm dijo...

Pobre Eloito, es de lo peor que le puede pasar a uno una mañana.