martes, 28 de febrero de 2012

_Fernando.


Cuando Fernando se encontró con la realidad en el descansillo de la escalera, en pelota picada y rascando la pared, no se puso a pensar si aquello era la solución de algún contubernio, sudoku o conspiración, el final de alguna pesadilla o el principio de otra. De hecho no pensó, se dejó llevar con laxitud por una señora con las cejas tatuadas y una camiseta del Racing. Ella llamó a la policía y a una ambulancia con psicólogo de peto verde fosforito. En el descansillo también se reunieron Milagros, la del 3ºA, Saturnina (3ºC), Francisca (2ºA) e Idelfonso (2ºB).
Siete días después, pasada la primera impresión, Fernando piensa en los estantes de la cocina rotos, los hornillos chamuscados y en la maldita hora que no dio vuelta y media a la llave en la cerradura. Los médicos no se ponen de acuerdo sobre el diagnóstico: que si estrés post traumático, que si estrés episódico, que si estrés a secas. Homeostasis y reposo.
Los compañeros de trabajo de Fernando son más unánimes en cuanto a su diagnóstico. No solo piensan, difunden, que 12 chupitos de Fray Angélico y seis Voll Damm no son modelo de digestión, que el espíritu abandona el cuerpo en determinadas ocasiones y que el Apocalipsis está en AS. Todo empezó en Puertochico, pero no se queda en Puertochico porque Puertochico no es Las Vegas.
Fernando ahora piensa en tatuarse y pasar su suscripción a MARCA. El mundo está loco.

Fotografía: Sarima©

1 comentario:

supersalvajuan dijo...

Y yo sin probar el Fray Angélico.