miércoles, 22 de febrero de 2012

_Adiós amigo.


En mi casa vivíamos con dos gatos y un fantasma. El gato más viejo era de los que llaman ´europeo´, con manchas blancas y negras y la cabeza grande. En cuanto al fantasma no se qué pinta tenía porque nunca lo vi. El que lo veía era el gato más viejo. Se habían hecho cómplices y tenían largas charlas a cualquier hora del día y de la noche. En alguna ocasión intenté participar de aquellos debates tan sesudos, pero el gato más viejo me mostraba su disconformidad dándome la espalda y cambiando el lugar de la reunión. Supongo que el fantasma también estaba disconforme con mi presencia, pero no puedo asegurarlo.

Lo cierto es que lo habitual se convirtió en rutina. El fantasma fantasmeaba y el gato engordaba su enfermedad mientras el resto de habitantes de la residencia familiar capeábamos la indefectible indiferencia del invisible y comprábamos los cuidados médicos del médico de gatos.

Un día el gato más viejo partió en una caja más grande que la vino y con él desapareció el fantasma. Su ejercicio de camaradería parece perfecto, pero el gato más joven y yo tenemos nuestras dudas. Nos gustaría recobrarlos porque los extrañamos mucho, por distintas razones. Aunque lo intente no puedo iluminar tanto como el fantasma y Bush III, triste y confundido, no quiere ser el gato más viejo.

Fotografía: Enfero Carulo©

1 comentario:

Necronomicón.net dijo...

Entrada relacionada, en memoria de Bin laden, el custodio del Jazz:

http://notengobocaynecesitogritar.blogspot.com/2010/09/colegas-vale.html