En Japón la homosexualidad nunca ha sido considerada un pecado por parte de la sociedad o la religión, y solo fue restringida por prohibición legal durante un breve período de tiempo (1873-1880) para poder relacionarse con el occidente homofóbico por causa de la religión católica y protestante. Antes, al contrario, el amor entre hombres se había entendido como la forma más pura de amor, las raíces reales de la homosexualidad en el Japón se remontan a algunos de los primeros textos en japonés tales como el Kojiki (el libro histórico más viejo que se conserva relativo a la historia de Japón) y el Nihon Shoki.
El término shudō (“el camino del joven”) se le atribuye a Kōbō Daishi (772 – 834), el fundador de la escuela Shingon. Fue una tradición japonesa de homosexualidad estructurada por la edad, prevalente en la sociedad samurái desde su periodo medieval hasta el fin del siglo XIX. Desde círculos religiosos, el amor a un semejante del mismo sexo se difundió en la clase guerrera, donde era costumbre para un joven samurái (wakashū) ser aprendiz de un hombre mayor (nenja) y más experimentado. El joven samurái sería su amante por muchos años. Esta práctica, también conocida como bi-do ("el camino de la manera hermosa"), fue referenciada en innumerables obras de poesía, prosa, teatro, pintura, etc. En 1482, Ijiri Chusuke escribía:
En nuestro Imperio de Japón esta manera floreció desde el momento del gran maestro Kobo. En las abadías de Kioto y Kamakura, y en el mundo de los nobles y los guerreros, los amantes se juran amor eterno confiando que su buena voluntad es recíproca. Que sus socios fueran nobles o comunes, ricos o pobres, era absolutamente sin importancia ... En todos estos casos fueron muy conmovidos por el espíritu de esta manera. El camino de la manera hermosa debe ser verdaderamente respetado, y nunca se debe permitir que desaparezca. (1).


El Shudō, en sus aspectos pedagógicos, marciales y aristocráticos, es muy análogo a la antigua tradición griega. La relación se inicia cuando los jóvenes aún son imberbes, antes de la mayoría de edad, un análogo extrañamente preciso de la institución de la pederastia, que floreció dos mil años antes en la Grecia Clásica. El manual de Kōbō Daishi bien pudo firmarle el poeta, filósofo y estadista Simónides de Ceos.
La pederastia en la antigua Grecia estaba muy relacionada con la tradición atlética y artística de la desnudez en la gimnasia, con la costumbre de matrimonios tardíos para los varones, con los banquetes y con el hecho de que las mujeres estuvieran recluidas en sus hogares. Impregnaba la cultura griega en todos sus ámbitos. Famosos políticos, guerreros, escritores y artistas disfrutaron de esta clase de relaciones y está datada su práctica desde al menos el año 600 a. C. hasta el 400.
En Japón la élite de los guerreros asumió ese rol de camaradería, amistad, atracción y respeto mutuo siglos más tarde y se encargó de preservarlo… ¿hasta nuestros días?.
Es natural para un samurai hacer todo lo posible para sobresalir con la pluma y la espada. Más allá de eso, lo que es importante para nosotros es no olvidar nunca, en nuestro último momento, el espíritu de shudō. Si hay que olvidarlo, no será posible para nosotros mantener el decoro, ni la dulzura de la voz, ni los refinamientos de la conducta cortés. (2).
Autor anónimo de Inu Tsurezure, en 1653.
La historia de Japón está protagonizada por señores guerreros feudales. Por la intervención en la política y la administración de la Patria de una élite de guerreros, respaldados por los campesinos, que creó la actual clase media japonesa. Eso acabó a finales del siglo XIX, pero de la misma manera que las artes marciales se convirtieron en deporte o exhibición las reglas del Bushido y el Shudō pasaron a ser terreno vedado para “los no iniciados”.

Es cierto que los artistas japoneses contemporáneos no van a incidir en esa cuestión para regocijo de los occidentales. Akira Kurosawa, el famoso director cinematográfico, guardó un silencio inescrutable. Ninguna de las varias centenas de películas de samuráis producidas en el pasado siglo intentó siquiera sugerir la figura del nanshoku, "el camino de la manera hermosa". Queda pendiente en sus pantallas favoritas la versión japonesa de Brokeback Mountain, sigan atentos a las novedades chanbara.



Se me ocurre pensar en el dramaturgo Yukio Mishima como “el último samurái” que siguió la doctrina de Kōbō Daishi, un transtornado irreverente, reaccionario, ultraconservador, bisexual, candidato a Premio Nobel de Literatura, golpista, narcisista, paranoico, exhibicionista, mitómano; Mishima creó un “ejercito” particular, el tate-no-kai, y durante el incidente dejó el honor de su decapitación a su joven amante Morita, que desbordado por los nervios falló dos veces. Mishima dejó viuda a una mujer, Yoko, y su última nota fue para ella: “La vida es breve, pero yo desearía vivir por siempre”.
Mishima es inmortal, como sus admirados Miguel de Cervantes y San Sebastián.
[...] la mayoría de los que saltan al campo de batalla, rechazando a los enemigos y acompañado a sus señores hasta el final, son los compañeros sexuales de sus señores [gomotsu]. Anónimo, siglo XV.
Otras fuentes no enlazadas en el texto:
- Samuráis. Wikipedia.
- La hermosa manera de los samuráis. Andrew Calimach © 2008.
- De cómo una cuestión de maquillaje acabó con el linaje samurái.
- Pederastia en la Antigua Grecia.
Bibliografía:
- (1). Ijiri Chusuke, 1482 "The Essence of Jakudo" in The Love of the Samurai, A Thousand Years of Japanese Homosexuality by Tsuneo Watanabe and Jun’ichi Iwata, 1989, London, The Gay Men’s Press, p. 109.
- (2). J. Z. Eglinton, trans. 1964, "Greek Love", New York, Oliver Layton Press, p. 248.
- "Breve historia de los samuráis". Carol Gaskin y Vince Hawkins. Ae.
- "El crisantemo y la espada". Ruth Benedict. Alianza editorial.
Imágenes:
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- Creo que no me han entendido bien. El incidente. [21.11.2008].














