viernes 16 de diciembre de 2011
_La insoportable levedad del atún.
Era miércoles y decidió que también era el momento oportuno. Llevaba dos semanas sin afeitarse y tres sin escuchar música, así que la decisión de utilizar un tren de cercanías era algo muy lógico, pensaba. En los últimos minutos decidió que lo haría en pelotas y fue desparramando camisa, pantalón, camiseta, calzoncillos y todo lo demás sobre el empedrado y entre las vías. Alguien más tarde lo clasificaría todo en bolsas de plástico etiquetadas.
Cerró los ojos sobre los travesaños y solo sentía frio y confirmación. Mientras el convoy llegaba o no llegaba otro tipo se tumbó junto a él sin pedir permiso ni dar los buenos días. El hierro no transmite nada y otra pareja se acomodó a su lado, ella iba con las tetas al viento, él fumaba Ducados. Después se van sumando una rubia, un quiosquero de izquierdas, el nieto de un deshollinador brasileño que pasaba por ahí y la hermana de un sindicalista.
Cuando el tranvía se detuvo a unos metros de todos ellos los individuos tumbados en el suelo sumaban varias decenas.
Desde el mundo del Arte y la todología se escribieron loas y mil artículos al respecto. Al ínclito desnudo se le concedieron premios y distinciones como el de ´Rey de la intervención urbana´ o ´Indignado por el travesaño´.
Lo cierto es que meses después del incidente el protagonista no considera aquello como una tumbada, sino como un fracaso. Ahora se decanta por el salto al vacío.
Etiquetas:
Cuentos
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2 comentarios:
Jo, ahora mismo el cielo está descargando una granizada del copón.
Tres semanas sin escuchar música es mucho tiempo.
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