viernes, 4 de noviembre de 2011

_Payaso.


Era el payaso de las bofetadas, de los revolcones, de las caídas y las contestaciones indebidas, no era de saxofón. El caricato de sonrisa cándida y lágrima pintada que actuaba en la pista central. Era, es y será el gracioso saltimbanqui y titiritero que dibuja en la boca la mueca de un desconsuelo. Un bufón mediopensionista que no tiene claro si alterna y gestiona bien los ratos de alegría y penas.
Padre, hijo, hermano. Tintado, una máscara de colores claros, el compañero de cama y toldo de la mujer barbuda que dio a luz un bebé rollizo y resultón completamente barbilampiño. Nada es perfecto y cualquier martes puedes morir de risa. Incluso.

3 comentarios:

supersalvajuan dijo...

El martes... un buen día.

Markos dijo...

Odio los martes, quizás porque todos los días parecen martes. La semana tiene demasiados martes y casi ningún sábado. Pero son buenos si sirven para admirar a un payaso.
Salu2

Anónimo dijo...

Me gustó. Un relato corto bien estructurado.
Le dejo el comentario después de haber fisgado por el archivo. Un descubrimiento.

Alex, Valencia.