_Escúpelo ¿qué te pasa? Le dijo Carmen a Martita mientras apuraban el cigarrillo bajo el goteo de la tejavana.
Las dos sabían que no podían abandonar el trabajo y que más de veinte ¿compañeros? podían firmar ciento y mil sinrazones por las cuales privarlas del derecho a el aire de las vainas y a las letras del Megane . Era así.
Mamá Carmen sacó a todos de su habitación, buscó una familia para perro-1 y renovó, inútilmente, el fondo de armario de Martita. Dos semanas después más de veinte se preguntaban de sobreesfuerzos y prejuicios mientras se abría una lista de donaciones, porque la indomable, en vida, no había pagado el seguro de los muertos.
Fue así, ustedes disculpen el descaro, pero fue así y lo contamos tres, mientras más de veinte andan acojonaos porque el miedo es libre y solo dos llaman a Carmen desde aquello.
— No queda sino batirnos.
— ¿Batirnos contra quién, don Francisco?
— Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia [...] Que es como decir contra España, y contra todo. (*)
Los tres no dejaremos de ser así ni muertos de hambre. Ella tampoco.
(*) Diálogo ficticio entre D. Francisco de Quevedo y Diego Alatriste.

2 comentarios:
Grande Alatriste siempre, en ficción y en ficción
Alatriste mola.
(Me has obligado a revisar si había escrito bien "ficticio") @Super...
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