jueves, 29 de septiembre de 2011

_¿Estamos a setas o a Rolex?.


Aquí hay mucho jamón que cortar. La crítica más facilona sería resaltar si Bildu no quiso recibir a los príncipes en la inauguración o si el nombre de la university está en ingles en lugar del euskera o el castellano, pero no, el fondo tiene más sustancia que eso o preguntarnos si realmente el edificio representa una pila o ristra de platos.

¿Te gusta la cocina? Aprende una profesión con futuro. El máster más completo para consolidar tu proyecto. Esa es la publicidad en la Web de La Facultad de Ciencias Gastronómicas (Basque Culinary Center) recién inaugurada en Donostia. Una escuela con 15.000 metros cuadrados de instalaciones divididos en cinco plantas que tiene “dos claros objetivos: formar profesionales cualificados y promover la investigación en la cocina”.

Esta universidad privada está avalada por catedráticos de la categoría de Juan Mari Arzak, Pedro Subijana, Martin Berasategui, Hilario Arbelaitz, Andoni Luis Aduriz, Karlos Argiñano y Eneko Atxa. Dispone de un centro de I+D que envidian licenciados en otras Ciencias. Aquí hay mucho pastel por repartir. El coste de la matrícula es de 8.000 euros - por cada uno de los cuatro cursos - para quien pretenda obtener el título de graduado en Gastronomía y Artes Culinarias.

A ver, no se pretende formar profesionales cualificados. Si esa es la intención tanto el Gobierno Central como el Autonómico deberían incrementar sus aportaciones a las Escuelas Profesionales de Hostelería, mejorando las condiciones de trabajo de los profesores, las instalaciones y la posibilidad de los estudiantes a acercarse al mundo laboral mediante acuerdos entre los pequeños empresarios y las escuelas, porque ahora los becarios solo engrosan las plantillas de los grandes hoteles. Aquí hay mucho bogavante cojo y cangrejeros sin escrúpulos.

Licenciarte en el BCC , colgar su diploma en la pared y ponerte una estrella en el mandil mientras abres el último lugar de moda a mi no me asegura un futuro espléndido para la hostelería. El futuro es tener un equipo de trabajadores que sepan lo que tienen entre las manos, la licenciatura la da el trabajo diario y la cátedra soportar muchos años un sinvivir muy duro.

Amo mi oficio, pero cada día menos. Todos los días señalando tontos y cada vez hay más, incluso en los portales. Empezaron a prostituirnos, ningunearnos, cuando esos mismos catedráticos de pago llamaron a nuestro oficio restauración. Yo cuando oigo lo de restauración me imagino un albañil, los tapices del Prado o un fontanero, no un sumiller de los de toda una vida. Claro, que ellos son millonarios, jesuitas, vascos y catedráticos; tendrán razón pues, #ahivalahostia, son 32.000 o más.

6 comentarios:

Roberpf dijo...

Creo que esto van a sacar para Rolex enseñando a confitar setas.

Me ha encantado. Algo parecido precisamente le decía yo ayer a un amiguete cocinero.

supersalvajuan dijo...

Vascos, millonarios, jesuitas...lo tienen todo.

Markos dijo...

A mi me pasó lo mismo con la restauración. Hubo un momento que pensé que los cuadros de todas las pinacotecas debían de estar como recién hechos... :-)

Si no fuera por las escuelas de hostelería, el saber de la abuela y la dedicación de los que se queman los hocicos entre fogones, iba a haber suficiente dinero negro como para montar el euskochollo privado que han liado.

Yo tampoco tengo intención de coincidir en ningún acto oficial con monarcas y aspirantes al trono.

Salu2

Anónimo dijo...

¿8000 euros por curso? No digo más. Ya lo deja entrever usted.
Malditos sifones y sopletes en las cocinas.
Están a Rolex, sin duda.

MNM.

Anónimo dijo...

Huele a pelotazo con reducción de castañas, una fina lluvia de fritura de subvenciones caramelizadas, el orégano y la cayena sobre una base de pan de ciruelas.
Quizá me equivoque, ando con catarro.

Necronomicón.net dijo...

Gracias por vuestros comentarios.