lunes, 18 de julio de 2011

_Adiós a tantas cosas que no nos dijimos.


Se levanta de la cama empapado en sudor, con pitidos en ambas sienes, sordo y desorientado. María acapara el espacio de inmediato y por su sonrisa parece que esté recorriendo con el balón en el pie dos campos de futbol. El cerebro de Manolo parece un estropajo viejo, una pelota de ping pong enjaulada en una grillera. Está sentado sobre el larguero de la cama y prende el primer cigarrillo después de ¿dos, tres? pesadillas que ya casi se esfuman en el recuerdo. Se incorpora, mea, se viste y pasa a la cocina con el soniquete de la radio como acompañante, con un inmenso sentimiento desclasificado en su menguado y cansado caletre.

Ni tostada, sobao, croisant ni galletas campurrianas, un café muy negro al buche y Manolo apaga el televisor que quedó encendido anoche. María suspira de nuevo por todo lo alto y Manolo, sin desayunar sólido, se dirige presto y erguido hacia la jaula de Julia, la suave y querida Chinchilla chilena. En unos minutos ambos están montados en el auto y enfilan la carretera que les conduce a los montes plagados de eucaliptos en Coo. Milagrosamente hoy no llueve y una hora más tarde ascienden a pie un camino flanqueado por moreras y ortigales.

Parece que las nubes levantan, pero eso es incierto, aleatorio y Manolo retorna a casa henchido de orgullo, de satisfacción, solo, exultante. La libertad es la necesidad comprendida, repite su ego mientras maneja el auto y retoma curvas, pedregales y el desfiladero que le conduce a María y le aleja de Julia. La facultad de otorgar la libertad a Julia le ha convertido en un dios, en un juez justo y supremo.

Aún no ha aparcado el auto ni María ha abandonado su placidez, cuando un gato montés, de pura cepa cántabro, desaparece entre la maleza con Julia entre los dientes. Con la cabeza gacha, apretando los dientes el felino arrastra su presa hasta un bardal. De varios zarpazos la destripa y comienza a masticarla entre los estertores de la muerte. De ella quedará tan poco: el pellejo, las uñas, que será imperceptible para los buitres. Las hormigas harán el resto y María hoy tiene turno de tarde en la universidad.

3 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Lo que tiene la ausencia de lluvia.

Anónimo dijo...

¿El falso sentimiento de libertad?.

Markos dijo...

Otorgar algo para la que no se está preparado es una condena. La ignorancia una balsa de felicidad. :
Querías darle un aire truculento y descarnado? Te salió bien :-)
Salu2