miércoles, 8 de septiembre de 2010

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Diez enanos que pasaban por allí y cuatro almas que escaparon del camposanto más cercano decidieron proporcionarle, a regañadientes, el alimento que tanto ansiaba, el elixir poderoso, la pócima de la abuela. Tres entes más venidos de los cuatro elementos intervinieron de buen agrado en la conjura.

Aunaron esfuerzos gigantes y pequeñitos, dimes, diretes y las fórmulas más inaccesibles en los cuatro puntos cardinales. Agarraron al elegido desde arriba, atrás, abajo y delante y con exquisita premura y precisión lo patearon en su puto culo, sin mañas ni desesperación, hacia el precipicio.

Su mente y su cuerpo fueron devorados con envidiable laxitud por un insaciable lodo que llevaba días clamando alimento.

En un segundo el viento de nordeste dejó de bramar. El más absoluto de los silencios se apoderó de la película. Un mar embravecido que jugaba con osamentas antiguas y recientes desaparecidos engulló al nuevo inquilino y calmó sus penurias.

La sobrina más prostituta de Neptuno espera nuevos tiempos de desidia y restricción.

Mientras, su bravura se convierte con ritmo Foxtrot, en calma chicha.

6 comentarios:

supersalvajuan dijo...

La calma aburre

jm dijo...

Nunca es bueno abusar de las recetas de las abuelas

Mercedes dijo...

Ese ´cuento´ ya le he oído con distintas versiones ´dimes, diretes y las fórmulas más inaccesibles en los cuatro puntos cardinales´. y se repite y repite. El goteo no para y tú lo has narrado muy bien. ´La bravura se convierte en calma chicha´.

Necronomicón.net dijo...

@Super...
@Jm.
@Mercedes.

Gracias por vuestros comentarios.

Markos dijo...

Me ha gustado. Muy surrealista y uno se entretiene en ponerle cara a los vientos a las almas, enanos y resto de demonios que nos devoran para mantener una calma incomprensible en mitad de tanto parado al que es mucho más fácil poner rostro.
Salu2

Necronomicón.net dijo...

Gracias Markos