Hay hipnotizadores terapéuticos que buscando el origen desconocido de una dolencia gutural psicosomática de un paciente recostado le llevan a revivir otras vidas pasadas. Así puede descubrir que el enfermo en el siglo 18 fue un bandolero muy famoso que murió ajusticiado en la horca. Normalmente el dolor de garganta desaparece con las explicaciones y esto nunca lo cubre la Seguridad Social. Éstos profesionales defienden el empleo de la hipnosis para corregir problemas "que empezaron en una vida anterior".
Generalmente los hipnotizados que recuerdan otras vidas han sido asesores de Napoleón, maquilladoras de Nefertiti, compañeros de correrías de Gilles de Rais, corrector ortográfico de Abraham Lincoln, primo segundo de su asesino, contramaestre al servicio de Marco Antonio Colonna o cualquier otra persona relevante en algún momento de la historia. Es como si las pasadas vidas anodinas quisieran esconderse de la publicidad kármika, de los terapeutas. La canica roja que se niega a salir del saco.
Hace unos días leí que el Ministerio de Sanidad israelí ha pedido a los hipnotizadores del país que eviten hacer a sus clientes explorar supuestas vidas pasadas, porque la experiencia puede generar daños psicológicos.
En primer lugar me llamó la atención que los judíos den credibilidad al fenómeno de la reencarnación, pero después me pregunté ¿Éstos inventores del monoteísmo ético están queriendo tapar algún oscuro secreto bíblico?, ¿Hasta qué punto está implicado el Mossad?, ¿Cuántos querubines y serafines no se habrán manifestado en multitud de pacientes con epicondilitis lateral y medial?. ¿A cuántos pacientes recostados y afectados por personalidad múltiple o bipolarismo (por ejemplo excombatientes en Gaza) no les habrá revelado el sabio trilingüe Maimónedes su último capítulo inédito del Moré Nebujim (Guía de perplejos)?...
¡Cuántos mensajes esotéricos habrán desvelado mediante la xenoglosia los patriarcas y sus testigos a cientos, o quizá miles, de infectados de faringo-amigdalitis aguda que viven donde se habla más de 50 lenguas!.
Pensé, es lógico que el gobierno estime que esas experiencias pueden generar daños psicológicos más importantes que un catarro o los dolores del codo de tenista, revisiones históricas que cambiarían de propietario decenas de chiringuitos laicos y religiosos, el final de cientos de películas y culebrones. Y entonces aparece (es un decir) el rabino heterodoxo Ovadia Yosef y un sábado por la noche argumenta que los asesinados en el Holocausto fueron una reencarnación de los pecadores de las generaciones pasadas. "No hay calamidad que el pueblo de Israel sufre que no es parte del castigo por el pecado del becerro de oro”.
A mi pobre entender eso sí que es padecer un peligroso daño psicológico, el pecado original y todo eso…








