sábado, 31 de octubre de 2009

_AFGANISTÁN (2).


Está vastamente documentado que durante la ocupación soviética (1979-1989) las operaciones de apoyo de la CIA a Osama bin Laden -al que convirtieron en su agente- y a los mujaidines afganos que luchaban contra el invasor se financiaban con narcodólares. Centenares de laboratorios que producían heroína se instalaron a ambos lados de la frontera afgano-paquistaní, una compleja red de bancos del Medio Oriente y de empresas de fachada de la CIA blanqueaban el dinero.

Los talibanes llegaron al poder en 1996 y la producción de opio se multiplicó. Abdul Rashid, jefe de la fuerza antidroga talibán en la región de Kandahar dijo entonces: "Hemos prohibido el hachís porque es una droga consumida por afganos y musulmanes. El opio es permisible porque la consumen los kafirs (infieles) en Occidente y no los musulmanes y afganos". Esta explicación, además de surrealista, es completamente falsa. El opio se fuma en Afganistán desde hace ¿mil año?. Evidentemente la prioridad era otra: no perder su parte de este negocio tan lucrativo que controlaban en gran medida los señores de la guerra.

En 1999 la producción de opio cuadruplicaba la recogida diez años antes, durante el periodo soviético. En el año 2000 los talibanes prohibieron –por primera vez en la historia de Afganistán- el cultivo de la amapola adormidera, la producción cayó en picado. La medida duró un año y cumplió los objetivos que buscaban los talibanes. Subieron los precios en el mercado internacional (modo OPEP) y se apropiaron por las armas de plantaciones controladas por cultivadores autóctonos, señores de la guerra y jefes tribales.


Afganistán produce el 90% del opio mundial, su comercio representa el 50% de la economía del país, da empleo directo o indirecto a más de un millón de afganos. Actualmente el 58% de las aldeas de la provincia de Badghis, la zona de responsabilidad española, cultivan opio. El negocio es imparable y en él están implicados todos los actores del conflicto, incluido el actual gobierno títere y las fuerzas de ocupación (o de reconstrucción, como se quiera).

Ahmed Wali Karzai, hermano del presidente Hamid Karzai, está directamente implicado en el negocio del opio y presuntamente lleva ocho años trabajando y cobrando para y de la Agencia Central de la Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Sus servicios incluyen ayudar al reclutamiento de una fuerza paramilitar afgana que opera bajo la dirección de la CIA en la ciudad sureña de Kandahar y sus alrededores y por permitir que la CIA y los efectivos de Operaciones Especiales arrienden un recinto que anteriormente perteneció al fundador del movimiento talibán, el mullah Mohammed Omar. Sher Muhamad Ajundzada, aliado del presidente, el que intenta mantener vivo el voto pastún, era hace cuatro años gobernador de Helmand, las fuerzas de ocupación –entonces sus enemigos- le confiscaron nueve toneladas de opio almacenadas. Un alijo muy grande que no le ha impedido convertirse en pieza clave del actual gobierno.

Los afganos cultivan opio porque para muchos sigue siendo su única y paupérrima fuente de ingresos, los talibanes ganan dinero (la ONU estima que unos 300 millones de euros anuales) con la recogida de los bulbos, proporcionando protección a la vieja usanza de la mafia y permitiendo la salida de la heroína fuera del país, dinero que emplearán en comprar armas para luchar contra los soldados estadounidenses. Los señores de la guerra y los distintos servicios secretos occidentales implicados en el conflicto se financian de la misma manera. Creo que en los próximos cincuenta años no cambiarán el cultivo que manejan por el de plátanos, melones o café. Grandes corporaciones empresariales, bancos y grupos de presión política manejan las cuentas de una o de varias de las partes implicadas.

La cuestión es que Afganistán, pese a ser el mayor productor mundial, está fuera del circuito internacional de cultivo legal de opio. Esa es la paradoja, que mientras a países en desarrollo como Birmania se les exige que destruyan sus reservas de opio y cultivos de adormidera, a otros países del mundo desarrollado se les anima a que produzcan la droga para usos farmacéuticos. Mientras, los médicos birmanos se quejan de la escasez de analgésicos en ese país, a falta de éstos, los pacientes con cáncer terminal, sida, o quienes están en recuperación post operatoria en los hospitales deben soportar el dolor. Algunos médicos les aconsejan incluso a los familiares de los pacientes con sida que compren heroína ilegal para aliviarles el dolor a sus seres queridos. El mundo al revés.


La Eurocámara ha recomendado en distintas ocasiones el cultivo de la adormidera en Afganistán para su comercialización en el mercado internacional de los analgésicos fabricados con opio, y ha llevado sus propuestas a la ONU, como propuesta de aplicación del proyecto científico “Adormidera para medicamentos”, que examina la forma en la que los cultivos legales podrían contribuir a la reducción de la pobreza, la diversificación de la economía rural y el desarrollo general. Actualmente el Consejo de Senlis promueve una iniciativa bajo el lema de “Amapola para Medicinas” que trata de la posible producción de una marca afgana de morfina en los pueblos afganos.

Las cualidades terapéuticas del opio se conocen desde la prehistoria. En 1660, Thomas Sydenham elaboró la tintura de opio que lleva su nombre -láudano de Sydenham-. En 1803, F.W. Sertümer -químico alemán- logra aislar el alcaloide principal del opio, denominándolo morfina. A partir de este descubrimiento, rápidamente acontecieron otros: la codeína en 1832 por Robiquet, la papaverina por Merck en 1848. Comienza entonces a partir de allí a difundirse en el mundo médico el uso de los alcaloides puros en reemplazo de los preparados del opio.

Australia (la región de Tasmania) es el mayor productor de opio legal. Otros países que cultivan opio para la exportación legal son Francia, con su compañía Francopia que produce el 25% de la demanda farmacéutica mundial, Inglaterra e India. En España una veintena de agricultores de Antequera se dedican a la producción de adormidera para fines terapéuticos, 350 hectáreas en parcelas que lindan con cultivos de maíz, girasoles y ajos.

¿La minería del uranio?, ¿El oleoducto transafgano?, ¿La posición geoestratégica?, ¿Las piedras preciosas?. Yo soy de los que piensan que el “conflicto afgano” es una nueva-vieja guerra del opio.



Más información aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.
En neonecronomicónblog: Afqanistán (1)
Documentos:
Convención internacional sobre restricción en el tráfico de opio, morfina y cocaína, Ginebra 19.2.1925 (pdf)
Protocolo sobre adormidera y opio. New York 23.6.1953 (pdf)
+Vídeos:
"El opio es una de las principales fuentes de financiación de los talibanes. En Afganistán se produce más del 90% del opio que se consume en el mundo". (Ver vídeo).
"El presidente Barack Obama justifica la guerra en Afganistan". (Ver vídeo).

Jean Coucteau, Opium (1925)



PD. No he podido resistirme a pegar aquí uno de los dibujos realizados por el genial Jean Cocteau y publicado en su libro “Opio. Diario de una desintoxicación” (1925). La edición que yo conservo es de ed. Bruguera, 1981.


Alzar lo que te gusta
contra lo que te disgusta
es la enfermedad de la mente:
cuando lo que no se entiende
(es el)
profundo significado
(del método)
la paz de la mente se perturba
para nada.

4 comentarios:

jm dijo...

Desde luego, parece un problema muy difícil, casi imposible de erradicar, en un país que no levanta cabeza.

Markos dijo...

Esto no tiene visos de solución. Es un negocio, estupendo que Afganistán esté patas arriba, para que los que están ahí se forren con el opio ilegal, occidente tenga excusas para desplegar tropas entre Irán, Pakistán e India, que las empresas occidentales no pierdan su negocio farmacéutico mundial. Buff cuanta miera hay ahí y no es de la que se inyecta, ni se fuma.
Salu2

Felipe dijo...

Lo primero que se tiene que hacer es motivar al pueblom iraquí.

Que sacamos con sacar a los gringos de allá, si un cuando están ellos siguen habiendo atentados.

Mala cosa esa...

no le veo pronta solución.

Saludos!

Necronomicón.net dijo...

@Jm.
El problema de Afganistán son los afganos, en mi humilde opinión.
La presencia de occidentales en su territorio no hace sino agrandar ese problema. Ahí quería llegar en “Afganistán(4,5 o así). Te remito al proverbio: “Yo y mi país, contra el mundo; yo y mi tribu, contra mi país; yo y mi familia, contra mi tribu; yo y mi hermano, contra mi familia; yo, contra mi hermano”. (A1).

@Markos.
Esa es la cuestión, que se aprovecha del desgobierno histórico –en cualquier sitio- para intentar imponer uno artificial, “importado”, y de paso hacer negocios con las materias primas que ellos no saben “gestionar”.
Se puede exportar la coca-cola, o la cerveza San Miguel, pero la “democracia” no se puede imponer en muchos sitios donde, sencillamente, NUNCA la aceptarán tal como nosotros la entendemos. Se que suena a políticamente incorrecto, pero estoy convencido. China e India son mis dos mejores ejemplos. Dales 50 años + de desarrollo económico…
En Afganistán se suma al desconcierto, al enfrentamiento, el totalitarismo religioso, lo peor.

@Felipe.
Sí, en IRAK también lo tienen chungo, otro ejemplo de intento de imposición; como en AFGANISTÁN.


Muchas gracias por vuestros comentarios.