jueves, 23 de julio de 2009

_LEÍDO (1).

Ahora somos todos unos hijos de puta
El ojo del tuerto 16 Julio, 2009

Ya, ya sé que es 16 de julio, y que todos deberíamos estar recordando la histórica llegada del hombre a la Luna hace 40 años. Hoy se celebran los cuarenta años del lanzamiento del Apollo 11 en lo que fue la primera misión a la superficie lunar. Bueno, yo voy a recordar hoy otro histórico hecho acontecido hace hoy 64 años, el 16 de julio de 1945. Aquel día culminaron años de trabajos, de cálculos y experimentos llevados a cabo por cientos de científicos, la flor y nata de la ciencia mundial, en el más absoluto de los secretos.

A las 5:29 de la mañana, en el desierto de Nuevo México, en un lugar conocido como Álamo Gordo, el ser humano iba a mancillar para siempre este mundo con el fruto podrido de su inteligencia. Elevado sobre una torre de acero a veinte metros del suelo, un ingenio diabólico estaba a punto de desatar toda su fuerza destructiva. Era un artefacto esférico compuesto de placas de explosivos creados con una geometría tal que tenderían a estallar todos a la vez hacia el interior de la esfera. Dentro, dos semiesferas de plutonio 239, un elemento que no existe en la naturaleza, producido ex profeso para provocar la muerte, se comprimirían de una forma brutal, conformando una masa crítica que generaría de forma espontánea una reacción nuclear en cadena.

En cuestión de pocos milisegundos, todo había terminado. La desintegración atómica del plutonio había generado de forma casi instantánea una tremenda cantidad de energía que en breves instantes vaporizaría todo el artefacto y la torre que lo elevaba, chocaría contra el suelo y se expandiría rápidamente hacia arriba incendiando el mismo aire. El resultado inmediato fue un resplandor más fuerte que el propio Sol, seguido de una bola de fuego que subía a toda velocidad dejando tras de sí una columna de humo negro en lo que los testigos describirían como un “hongo”. (Leer artículo completo).


Majestad, está usted despedido
ISAAC ROSA 22/07/2009

Por experiencia histórica sabemos bien lo que cuesta echar a un rey. En España lo hemos intentado ya varias veces, pero reaparecen en cuanto bajas la guardia. La última vez que lo conseguimos fue en 1931, con Alfonso XIII, y aquí seguimos, con su nieto ejerciendo, y el bisnieto calentando en la banda.

Cualquiera pensaría que a estas alturas la monarquía es ya un producto viejo, pasado de moda. Pero lo cierto es que sigue contando con una cuota de mercado importante, y son muchos todavía los consumidores que valoran bien el producto. Juancarlistas los llaman. La clave del éxito está en la fuerte inversión publicitaria, claro, pero también en el blindaje mediático que lo protege. Lo que ya no está tan claro es que cuando llegue al mercado la última actualización del producto, Felipe 6.0, los usuarios mantengan el entusiasmo. Tal vez por eso sigue activa la vieja versión, pese a que ya empieza a tener fallos; porque no confían en las prestaciones del relevo.

Así que los republicanos podemos esperar sentados a que los consumidores se cansen y la empresa quiebre. O podemos pensar en otras vías. A mí se me ocurre una posibilidad, muy adecuada a estos tiempos: despidamos al rey. Echemos al rey por la vía laboral, mediante un despido en toda regla, con su preaviso, su finiquito y adiós muy buenas. Ya sé que parece poco serio derrocar un rey en la magistratura de trabajo, pero déjenme fantasear un poco. (Leer artículo completo).

2 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

El 239 existe en la naturaleza. Otra cosa es que lo haya en la concentración que lo había en los Álamos.

Hamburgo, Dresde, Berlín, la Selva de Vietnam, el frente del Este (o del oeste), Monte Casino, ... fueron lugares igual o más horribles que Hiroshima o Nagasaki, donde el protagonista fue el TNT y la polvora. Por cierto, el primero fue invento de Nobel, el de la academia sueca. ¿Alguien se acuerda de la fecha de su invención?

Necronomicón.net dijo...

@Juan Ignacio.
Muchas gracias por tu aportación. Bienvenido.
Efectivamente, “hemos hecho el hijo puta muchas veces”.