miércoles, 22 de abril de 2009

_JAMES GRAHAM BALLARD.


El pasado domingo falleció uno de los responsables de mi adicción a la lectura. James Graham Ballard fue etiquetado como “escritor de ciencia ficción” hasta que Spielberg le “descubrió” (nótese el entrecomillado) con El Imperio del Sol. Siempre fue un escritor de culto, de minorías, alejado de canonizaciones, entrevistas y promociones. Sus novelas y relatos cortos no se parecían a la ciencia ficción convencional, creó un mundo, una atmósfera y alguien añadió ballardiano al diccionario (un ambiguo "espacio interior" en lugar del espacio cósmico) no siempre como sinónimo de dantesco o kafkiano. Huxley fue su contrapunto perfecto y Burroughs otro incomprendido de la cuadrilla.

En sus comienzos admiraba a Graham Greene, luego fue Greene quien lo comparó con Conrad, y llegó la hora de que los críticos lo compararan a él con Greene. Borges hizo público su interés por él antes que Spielberg.

Narró e irritó con los más grises escenarios del mundo posindustrial, barrios deshabitados, rascacielos ingobernables, perversiones insospechadas, guetos de chatarra, arquitecturas imposibles, asesinos o víctimas automovilísticos. En cierta ocasión dijo que el único futuro que le interesaba eran los próximos cinco minutos. Que “no hay futuro”. Al poco tiempo estalló la revolución punk que solo tenía ese lema: “no hay futuro”.

Las visiones de J.G. Ballard estaban en este mundo y en ésta galaxia, en los próximos cinco minutos de cualquier grupo humano puesto en situaciones límite, en el interior de cada miembro del grupo. El primer capítulo de Rascacielos (1975) se titula Masa crítica y comienza así:

“Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón, comiéndose el perro, el doctor Robert laing recordó otra vez los hechos insólitos que habían ocurrido en éste enorme edificio de apartamentos en los últimos tres meses”.

En La isla de cemento (1974) Robert Maitland, la tarde del 22 de Abril de 1973 cayó con su jaguar a más de cien kilómetros por hora en una tierra de nadie entre autovías y automovilistas para los que pasaba desapercibido. Le fue imposible salir de allí, hacerse notar. 175 páginas después

“Maitland pensó en Catherine y en su hijo. Pronto volvería a verlos. Cuando hubiera comido, sería el momento de descansar, y de planear como escapar de la isla".

No hay futuro.

Hola América (1981). No hay futuro. Inundó al planeta en El mundo sumergido (1962), lo hizo árido en La sequía (1964) y lo congeló en El mundo de cristal (1966).


En el prólogo de una edición francesa de Crash, diagnosticó que "muerte del afecto" era la raíz del nihilismo. Habló de ese "presente insaciable" que con sus falsas novedades nos quita la posibilidad de pensar un futuro mejor. Personajes como Thatcher, Bush, Blair o Berlusconi son para él los frutos del "sueño de la razón”. Crash (1973) estuvo a punto de ser censurada por “obscenidad” y la película de David Cronenberg (1996) también. Mejor la novela, lo tenía que decir. Las perversiones de J. G. Ballard, Exhibición de atrocidades (1970), es difícil justificar que no esté escrita por un psicópata. Así comienza:

“Apocalipsis. Una inquietante característica de ésta exhibición anual –a la que no se invitaba a los propios pacientes- era la notable preocupación de las pinturas por el tema de un cataclismo mundial, como si estos pacientes por tanto tiempo condicionados hubiesen advertido cierto trastorno sísmico en las mentes de médicos y enfermeras”.

Aún septuagenario, Ballard seguía resistiéndose a la popularización, a la canonización. Sin ser tan espectacular y promocionado como otros, sin internet, máquina de escribir u Oficce Word. En 2003 rechazó un título nobiliario porque se consideraba republicano y vivía en una sencilla casa de Shepperton soportando un persistente cáncer de próstata. Ballardiano, a la sombra de un gran ficus de plástico se despidió hace meses de sus fieles lectores en Miracles of Life. En la última página se despide abruptamente de la vida revelando un diagnóstico terminal.

Nos queda releer. Leer y vivir. Interpretar las visiones de alguien especial. Las perversiones de un escritor de “ciencia ficción” (¿?) que hace 30 años hablaba de basura espacial y cambio climático (nótese que no pongo comillas).

Pego aquí un corto ballardiano sobre el universo ballardiano, son unos minutos.
Quitamos clótido.

3 comentarios:

Valentina. dijo...

Pues no tengo el gusto pero tomo nota.

Saludos.

Markos dijo...

Es de esos casos en los que conoces parte de la obra, sin saber quién es el autor. Por lo que cuentas del señor Ballard, es un personaje coherente y una persona digna de haber conocido.

Salu2

Necronomicón.net dijo...

_Valentina.
_Markos.
Os recomiendo leer cualquiera de sus novelas, ninguna es muy extensa y todas son muy entretenidas.
Gracias por vuestros comentarios.