jueves, 22 de enero de 2009

_PROHIBIDO NO PROHIBIR.


“Prohibido prohibir” ("Il est interdit d'interdire") no fue uno de los eslóganes más afortunados de la época sesentera. Una paradoja lógica parecía la cima del ingenio, pero no, ni era la creación de un genio como Groucho Marx ni quienes lo pintaban en tapias y váteres de las cafeterías pueden ahora alejarse del vicio del intervencionismo moral, del intrusismo ético, la prohibición es una herramienta muy excitante; probablemente engancha. Muchos ciudadanos parecen haber claudicado, dan por sentado que los políticos tienen entre sus funciones decidir qué es lo bueno y qué lo malo para nosotros, aunque sea a costa de la libertad de otros o de algunas leyes. “Qué lejos queda Paris”, ¿verdad Ismael Serrano?. Ya no quedan playas bajo los adoquines ni sitio donde plantar las tiendas de campaña por la cara, ni ganas de dormir al raso, ni 50.000 vírgenes en Gijón . Menú del día (10,5€) y la gasolina a escote, que ningún De Gaulle va a subir los sueldos mínimos un 35%.

“La guerra de Vietnam, emociona a los franceses, pero realmente no les afecta, ni tampoco las guerrillas de Latinoamérica, la feroz represión de Indonesia, las matanzas de Biafra, el golpe de Estado de los coroneles en Grecia o el apartheid de Suráfrica. Los jóvenes se aburren”. (PIERRE VIANSSON-PONTE Le Monde du 15 mars 1968). Ahora se prodiga una nueva nausea. Un neoaburrimiento más individualizado y pragmático que admite poco más que el privilegio de no ser prohibido. Una nausea que prodiga sus síntomas con las etiquetas de democracia, bienestar, progreso, justicia social, sociedad del desarrollo, avances sociales, laicismo ciudadano…la inscripción es gratuita y se promueve desde las altas instancias.

No hace falta dar explicaciones, que si Alex Wissner-Gross ha demostrado que cada búsqueda estándar con Google ayuda a liberar siete gramos de dióxido de carbono, lo equivalente a prepararte un café. Que si el metano que desprende una vaca cuando caga durante un año equivale a lo que contamina un todoterreno en año y medio. Que si no existen esquelas de chinos. Que si la gomina es de fachas. Que si la cantidad de quinina de la sueps sobrepasa la tasa recomendada. No hace falta dar explicaciones, se prohíbe y punto. Deberían existir oficinas de atención al ciudadano que canalizaran éstas inquietudes y que los trámites fueran rápidos e implacables.

Las corridas de toros, el futbol, los periódicos de derechas, las web de izquierdas, el boxeo, los restaurantes chinos, el aceite de orujo, la televisión (toda), el tabaco, los chicles, los politonos, la religión (todas), la gomina y la laca, Google, las vacas, el hockey sobre patines, los alquileres, los traspasos, las corbatas amarillas, las encuestas, los encuestadores, los partidos políticos cuyas siglas empiecen por “P”, las mecedoras, las cisternas con cadena, las bragas-faja, los partes metereológicos, los gorrillas, las teleoperaciones, la siesta, la tónica sueps, el cricket, la prostitución, los peluquines, el bigote, los pantalones de pinzas, los sacacorchos de doble palanca, la pornografía, el festival de eurovisión, los calcetines blancos, los paraguas automáticos, la cerveza de trigo, las monedas de la época Chan, las barberías, los pintxos restaurados, los dúos virtuales con Frank Sinatra, las escamas y los galápagos domésticos; estarían entre las primeras prohibiciones que firmaríamos ante un funcionario o funcionaria presto o solícita a nuestro compromiso social.

La prohibición debería ser instantánea y tener un seguimiento. Prohibir las religiones, eliminar todos sus símbolos, los edificios que las albergan, los libros, interrogar a los involucrados en la publicidad denostada. Si es necesario mirar casa por casa, cajón por cajón hasta acabar con cualquier recuerdo de los calcetines blancos y de las bragas-faja. Detener y juzgar por crímenes contra la humanidad a quienes posean una sola moneda de la época Chan, una cisterna con cadena o unos pantalones de pinzas.

Eso sí que sería una revolución y hay muchos que apuestan por ello. El eslogan estaría más de acuerdo con aquella otra pintada en Cantoblanco (Madrid) en 1974, más racial, dogmática, castiza “Los impuestos, que los pague el Estado”. Con dos cojones: “Prohibido no prohibir”.

10 comentarios:

J dijo...

"Una nausea que prodiga sus síntomas con las etiquetas de democracia, bienestar, progreso, justicia social, sociedad del desarrollo, avances sociales, laicismo ciudadano…la inscripción es gratuita y se promueve desde las altas instancias."

Plas, plas, plas...

Da dictadura de lo recomendable y lo bien visto nos acabará fagocitando. Tiempo al tiempo.

supersalvajuan dijo...

Y como decimos en Murcia, "alcalde, pa' bandos el de la huerta".

David dijo...

Pues no te falta razón. Hay más prohibicionistas de lo que parece, el tabaco, los chupa-chups, etc…Demasiada gente con la necesidad de “arreglarnos” la vida a los demás. Suelen autodefinirse como “más cultos, más inteligentes, más civilizados, más progresistas, más evolucionados, más demócratas”; ¿será porque ellos descubrieron un arcano inalcanzable ?.
La referencia a Pierre Viansson-Ponte es oportunísima porque aquellos conflictos persisten con el mismo u otros nombres.
Excelente entrada.
Gracias.

Valentina. dijo...

Aplaudo tu entrada.
Es mucho más sencillo prohibir que buscar soluciones.

Un saludo.

Alejandro dijo...

Yo ayer prohibí los despertadores digitales y ésta misma mañana, a las 8,30 he prohibido el carril bici.

Muy bueno lo tuyo, un artículo cojonudo.

Anónimo dijo...

Yo hoy he prohibido “Gran Hermano”, espero que el seguimiento consiga poner entre las rejas a todos los concursantes de todas las ediciones.

Anónimo dijo...

PROHIBIDO SER MADRIDISTA. Y que paguen la ignominia.
Degenerados, fachas…Ah, PROHIBIDO LOS FACHAS –casi se me olvida-.
Muy buen post. Felicidades.

ROSTAM dijo...

Amigo necrononomicón.net

Vamos hacia una sociedad en la que todo está reglamentado y decidido de antemano; un Estado sobreprotector que nos asfixia como el abrazo de una tía gorda y besucona. Una sociedad hipócrita que nos recorta la libertad mientras estamos anestesiados.

"Prohibido prohibir" era un grito de rebeldía, de sentirnos vivos. Ojalá volviera ese inconformismo.

Ojalá caiga en tus manos "El hombre que quería ser culpable" de Henrik Stangerup. Creo que disfrutarías con su lectura.

Un fuerte abrazo

Necronomicón.net dijo...

@J, sí, la dictadura de lo recomendable y sí, muchos (demasiados) YA ESTÁN fagocitados, o así. @Supersalvajuan, apunto lo de la huerta. @David, es un Arcano inalcanzable para mi. @Valentina, la solución para algunos es prohibir (visto y oído a diario). @Alejandro, buen provecho, yo hoy le he prohibido a uno de mis gatos contestarme. @Anónimo, me apunto (o no, no se). @Anónimo2, (…). @ROSTAM, apunto tu recomendación literaria.
Gracias a todos por vuestra visita y por los comentarios que SIEMPRE son bien recibidos.

marcela dijo...

Gracias por prohibir y detrás de los adoquines, no estaba la playa, estaban los tontos que hoy son eurodiputados.
Inteligente, ironía crítica de esa que tanta falta nos hace contra los militantes ideoilógicos. Te aplaudo, me salvastes un día de encuentas a favor..y en contra
la idiota internacional s.l. blogspot