domingo, 21 de diciembre de 2008

_LA PEQUEÑA CAGABOMBILLAS (CUENTO). (*).


¿Quién me niega a mí que agrupar las pinzas por colores en el tendedero no es expresión de cierta forma de arte?. Yo llevo practicando la disciplina desde hace mucho. Quizá el primer recuerdo sea el día que recogí la ropa yo sola por primera vez, tendría seis años o así. No sé por qué comencé a colocar las pinzas que descolgaba por colores. Las rojas con las rojas, las verdes con las verdes, las azules con las azules; todas alineadas con la parte pinzante hacia el norte, a mi izquierda, sobre la repisa. Después de apilar lo descolgado y alinear las pinzas cogí éstas y las mezcle de varios puñados en el cesto de mimbre. La primera vez que colgué yo sola la ropa también distribuí las pinzas por conjuntos. Por conjuntos de colores de éstas entrañables palancas de tercer orden (con muelle incorporado).

Con el tiempo los conjuntos de colores comenzaron a interactuar con las medidas de la ropa colgada. El rojo con las toallas grandes, el azul con las sábanas, el blanco con los pantalones, el verde con las bragas.

La primera que comenzó a imitarme fue Manolita, la del 2º, después Carmen (la del cartero) y luego vinieron las demás.

Si, lo de ésta competición ya viene de antiguo, pero quería recordar que yo fui la primera. Ellas, aunque le ponen empeño y dedicación, nunca han conseguido construir mis mandalas en el tendedero. Mi última aportación aún no imitada: los conjuntos por contenido de la prenda en % de Cooton, el color de las pinzas y el tamaño de las prendas. He contribuido a desmoronar tendencias anticuadas, obsoletas y aburridas como la de Pilar H. (la del 5º) o M.M. (la del 2º.a) que en su tiempo hicieron piña con Manolita y abrazaron durante temporadas tendencias abstractas, liposolubles, anacrónicas. Tendederos incomprensiblemente anárquicos dentro de una disciplina (los peores). Otras estamos a otro nivel.

Estamos a otro nivel y perdonamos su rabia, su incompetencia. Además hace tiempo que hemos descifrado sus mensajes. Las cuatro pinzas rojas que prenden esas toallas medianas junto a las ocho pinzas blancas y verdes que pinzan alternativamente la sábana con estampado vegetal y quemaduras de cigarrillo son elocuentes.

Envidia. (El peor de los cánceres).

Candy es real. Claro que es real: a veces se sienta a mi lado y comentamos el desbarajuste cromático del 5º. Pilar, Lola y Mirian hace temporadas que no respetan el justo reparto de los colores de sus pinzas, tampoco construyen lenguajes y lo que ellas llaman sintonía es solo un monólogo arcaico, cavernario. En el 2º las cosas están peor, en el entresuelo Doña Josefa desafía la competencia mientras cuida de sus estúpidas hortensias y utiliza pinzas de madera (x dios). Los mensajes 4(pinzas) rojas, 2(pinzas) blancas, 4(pinzas) azules que practican Petra e imita Emilia (la de la Caja de Ahorros, en el 6º) no llegan a las aceras y Candy y yo no los consideramos arte sino un burdo quite innecesario.

Acaba una temporada más y sus murmuraciones, sus miradas de soslayo y sus medias sonrisas me proclaman nuevamente como su referente necesario. La explicación de una ciencia de la que ellas jamás han mamado.



(*) Ficción de navidad (3/.2008)
- desde un //pueblonevadocasisincobertura
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2 comentarios:

ROSTAM dijo...

Bonita expresión de arte urbano en una comunidad de vecinos para contruir instalaciones "performances" efímeras.

(hasta que llegué Barceló y se lleve una pasta)

Que pases una Feliz Navidad lo mejor posible amigo necronomicón.net Un abrazo.

David dijo...

Se llama obsesión.

Gracias.