

El nominado a nobel de literatura que no pudo ser y sus cuatro acólitos fueron respetuosamente recibidos en el acuartelamiento. Ya en su despacho el general Mashita mostró simpatía (nuevamente) por los trajes de opereta paramilitar del grupo pero le llamó la atención la Katana que el escritor llevaba en su costado. Le pidió permiso para examinarla y Mishima se la entregó con ambas manos. Mientras examina su filo expuesto a contraluz, con las manos ocupadas en alto, Chibi Koga lo inmoviliza, desarma, amordaza y sienta en un sofá. El general Mashita tarda poco en convencerse que no es una broma, Mishima saca el Wakizashi de una bolsa y se lo entrega a Morita. Oficiales y soldadesca se agolpan asombrados, desconcertados en el pasillo. Las leyes prohíben taxativamente a un militar japonés disparar un arma de fuego contra un civil. Un primer grupo de nerviosos militares entra en el despacho, consiguen desarmar a Morita, Mishima hiere a varios de distinta gravedad; más tarde en el juicio declararán que evitó ataques mortales. El general está amenazado de muerte, el único deseo de Mishima es dirigirse a la tropa que debe formar en el patio para escuchar su arenga. Las fuerzas antidisturbios ya han sido avisadas, en minutos los helicópteros sobrevuelan la zona. Los periodistas que iban a cubrir un amistoso encuentro cultural se encuentran con un momento histórico. Comienzan a llegar ambulancias y se cruzan las llamadas de distintos ministerios. El general, con el filo de la katana en su cuello, se niega a dar la orden para que se forme. Los oficiales sucumben y mandan formar a la tropa. A las doce Morita y Ogawa aparecen en el balcón y lanzan octavillas escritas por Mishima: “El ejército ha tratado siempre bien al Tate.No.Kai. ¿Por qué mordemos la mano que nos ha tendido?...precisamente porque la reverenciamos”…Se une a ellos Mishima, los tres llevan sobre su frente el hachimaki. Comienza a hablar pero los militares hacen ilegibles sus palabras gritando: suelta al general, mamarracho, payaso, bakayaro…Ya solo, Mishima elogia al Emperador, a las fuerzas Armadas, a la Tradición…el ruido de las sirenas, de los helicópteros y de los abucheos le impiden continuar. “Creo que no me han entendido bien” son sus últimas palabras. Mishima se dirige al despacho del general desabrochándose la casaca.
Mishima se arrodilla en el despacho. Tenno Heika Banzai. Morita, su kaishakunin, se sitúa tras él con la Katana. El general Mashita asombrado ordena que paren la ceremonia. Morita, excesivamente nervioso falla en el primer intento: no consigue decapitar a Mishima. Avergonzado y más nervioso lo intenta de nuevo. Falla. Lo intenta una tercera, tampoco. Furu Koga le arrebata la Katana de las manos y decapita de un tajo limpio al escritor. Morita desbordado, deshonrado, se arrodilla y suplica a Koga: “No me hagas sufrir”. Lo decapita a la primera.
25 años después de conocerle Shato K. ya vende sus esculturas por todo el mundo. Sigue practicando, enseñando con el Shinai todas las mañanas y jugando a los bolos en cualquier pueblo de Cantabria. Yo, que hace años que perdí la gracia del mar, me voy de pesca 2, 3 o 4 días (depende). Llevamos el pirata a bordo: Danny Ishami es un amigo, reputado cocinero filipino que sabe hacer trampas jugando al ma-jong y dibuja excelentemente a plumilla.
De todas sus obras traducidas al castellano es imprescindible leer: Confesiones de una máscara, El rumor del oleaje, El pabellón de oro, El marino que perdió la gracia del mar y Nieve de primavera.
Foto 1: Yukio Mishima.
Foto 2: Los protagonistas del incidente se fotografiaron semanas antes con el uniforme del Tate-No-Kai.
Tate no Kai. (“Sociedad del escudo”).
3 comentarios:
el medievo en fotogramas. Mejor dicho, en diapositivas.
orale, buen dato.
Un beso, que estes bien
Qué difícil nos resulta comprender la cultura japonesa y sus comportamientos. Parecen pertenecer a una cultura paralela dentro de la occidental.
Salud.
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