sábado, 23 de agosto de 2008

_NO HAY CUCHARA.

Kenzo, un prestigioso maestro en el arte del sable, llevaba tiempo siendo importunado por la presencia de un ratón en su casa. Solicitó la ayuda de los mejores gatos del lugar y el desenlace siempre era el mismo: uno tras otro abandonaban la misión humillados.


El maestro, desesperado, decidió matar el mismo a la bestia. Armado con su katana embistió una y cien veces al ratón que seguía siendo intocable. ¿Tendría que compartir la casa?.

Kenzo oyó hablar de un viejo gato jubilado. Decidió visitarlo, cuando lo vio perdió toda esperanza, su aspecto era lamentable. Como no tenía nada que perder permitió que el gato entrara en su casa.

El gato entró lentamente, como si no pasara nada. El ratón quedó petrificado, su cara se desencajó de terror. El jubilado cazador agarró a la bestia tranquilamente y la sacó de la habitación.

Más tarde se reunieron los gatos que habían intentado la captura en casa de kenzo con el venerable gato:

_Somos los gatos más reputados del pueblo, pero ninguno de nosotros ha conseguido hacer lo que usted con ése terrible ratón. Estamos ansiosos por conocer cuál es su secreto.

El venerable gato respondió:

_Antes de explicaros la Noble Vía me gustaría saber cuál ha sido vuestro entrenamiento y lo que vosotros habéis comprendido.

Un atlético gato fue el primero en hablar:

_Desde mi infancia he sido entrenado en éste arte. Doy saltos de dos metros, soy capaz de internarme en madrigueras, hago espectaculares acrobacias, conozco mil y una artimañas, he cultivado mis músculos. Tengo muchas victorias pasadas. Estoy avergonzado de ésta derrota.

_Usted solo ha aprendido la técnica. Los maestros antiguos inventaron la técnica con el fin de introducirnos en la Vía, pero la eficacia técnica no es la meta del Arte. No es más que un medio que debe estar en armonía con la Vía.

Habló otro gato, más maduro que el primero:

_Lo más importante es la fuerza interna. Mi Ki es tan fuerte que puedo derribar a un ratón de un árbol sin necesidad de trepar. Mi espíritu es poderoso. Pero en ésta ocasión todo ha sido imposible.

El venerable gato le respondió:

_Usted tiene poder psíquico, lo que no es una solución, puede encontrarse con un adversario con más poderes que usted. Ser consciente de sus poderes le hace vulnerable. Lo que llama espíritu poderoso solo es una sombra, no hay que confundir el psiquismo con el espíritu. Ésta diferencia implica una diferencia de resultados. Un ratón arrinconado puede ser más peligroso que cualquier gato.

Tomó la palabra un tercer gato de aspecto extraño:

_Como usted ha dicho el adversario puede aprovecharse de la sombra del espíritu. Durante mucho tiempo he entrenado eso: no resistir al contrario sino aprovechar su fuerza y volverla contra él. Pero éste extraño ratón no ha caído en la trampa de mi actitud de no-resistencia.

El gato anciano respondió:

_Eso que usted llama no-resistencia es una estratagema de la mente, requiere de una voluntad. El espíritu no resiste, está en completa armonía con todo. El enemigo existe porque hay un “yo”, cuando no hay “yo” no hay enemigo.

Y dirigiéndose a kenzo, que permanecía sentado en la estancia:

_El arte del sable no consiste solamente en vencer al adversario.

Dicen que vieron al venerable gato igual de despreocupado durante mucho tiempo y que el maestro Kenzo encontró el satori años después.

Éste cuento, antiquísimo y de claro trasfondo Zen, forma parte de las enseñanzas de muchas escuelas de Ken-jitsu y del código de Bushido. Probablemente es el desarrollo literario de un Koan. Me acordé de él cuando por tercera o cuarta vez vi “Matrix”, en ésta ocasión acompañado de alguien que dijo :” no lo entiendo” cuando el prota, se encuentra con el niño doblando una cuchara y se extraña, éste le mira y le contesta “no hay cuchara”. Pasé de contarla el cuento, no procedía.

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